Mi viejito precioso logró la canción más estremecedoramente transparente sobre la insaciabilidad del deseo y la inerradicabilidad del espectro de la soledad. Siempre vuelvo a ella no como un refugio estupidizante, sino como una confrontación de desgarro y sin promesa de redención.
I need a crowd of people but I can't face them day to day
(Y aún así, es mejor el momentáneo desasosiego de la soledad que la depresión. Prefiero sentir la amenaza sublime del abismo que hacerme un huésped de él).
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